martes, 22 de octubre de 2013

Hallar esposa

Conozco cuatro personas próximas a casarse, cada una en circunstancias muy distintas. Entre la persona más joven y la más madura se llevan casi 20 años de diferencia, pero lo que estas próximas bodas me llevaron a pensar no tiene que ver con la edad sino con el hallar esposa. Un proverbio dice "El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová" (Pro 18:22). Quizás muchos hombres casados y divorciados cuestionarían la veracidad de esta idea, pero creo que es muy acertada porque veo al proverbio desde la siguiente perspectiva: "no es lo mismo encontrar con quien casarse, que hallar esposa". El matrimonio te obliga a descubrir quien eres y de que estás hecho. Mal llevado, puede causar la destrucción de sueños, de la personalidad de los hijos, de la salud y el patrimonio de los cónyuges; bien llevado hace que ambos cónyuges entresaquen lo precioso de lo vil y les encamina a trascender, prosperar y dejar un legado para la descendencia.


Recientemente, una conocida compartió el siguiente consejo que su padre le había dado sobre el matrimonio: "el día que te cases hazlo sin el mas mínimo sentido de propiedad". Estoy de acuerdo que la esposa ni se compra, ni se vende, ni se posee, pero hay que tener bien claro lo que sí es. Hallar cónyuge no es haber encontrado un valiente o enamorada que dijo que "sí" en el altar, es el resultado del ejercicio del amor perseverante lo que nos permite encontrar con el otro y en el otro, lo valiosos y únicos que ambos somos en potencia y en dinámica. En el resultado de este proceso se encuentra la benevolencia de Dios, pues Él se agrada de la transformación de quien vive pacientemente y de forma consciente este pacto que se hizo con el otro, con los hijos (de forma ímplicita), con la comunidad que atestigüo la únión y con Dios quien la bendijo. Con la esposa se integra uno, nos fundimos y volvemos uno solo. Los cónyuges deben conservar su personalidad, pero cuando es necesario deben estar dispuestos a entregar y transformar -por el bienestar y por amor del otro y de los hijos- aspectos tan íntimos como la identidad, los hábitos y los intereses propios. Por eso, no es lo mismo hallar esposa que encontrar con quien casarse; pues para hallar esposa, debemos estar dispuesto a vivir esta clase de relación con quien nos hemos casado en un pacto inquebrantable de unidad.  Encontrar con quien casarme me tomo unos meses, quizás poco más de un año, pero el haber a través de los años hallado mi esposa en Maricela, es una herencia de Dios, la cual deseo para mis cuatro conocidos y para todo los matrimonio.