martes, 26 de marzo de 2013

El Big Bang del Cielo aquí en la Tierra




Si partimos de que Dios es amor y de que Él es perfecto, luego entonces podemos afirmar que lo que más aprendizaje va a requerir de parte de cualquier ser humano es el saber amar. Sí no partimos de la fe, sino de la inquietante y denigrante situación humana, podríamos por lo menos  sospechar que hay abismos de ausencia de amor en todas partes.

El carácter de Dios es amor, y este se revela en su palabra contenida en la Biblia y en Jesucristo. Si bien conozco muchos que dudan que la Biblia sea la palabra de Dios, una prueba que nos ha llevado superar ese escepticismo a muchos, es por la transformación interna que se desencadenó en nuestra persona cuando conocimos al Dios de amor eternamente activo, que nos revelan la Biblia y particularmente la vida y sacrificio de Jesucristo. Hoy en día, muchos cristianos se reúnen de forma habitual para compartir mensajes bíblicos en espacios no convencionales, como casas, restaurantes y espacios públicos, con contenidos orientados a responder a las preguntas y necesidades "del día". Fue en una reunión de este tipo donde me fue contagiado el "don" de creer en el amor de Dios. Así (como un don) interpreto hoy esa ocasión, porque solo algo venido del cielo puede hacerte "creer", cuanto tuviste una postura entre lo racional y lo posmodernista de la vida, con muchos tintes de ironía y narcisismo. Me considero hoy un simple testigo del proceso de transformación que ocurre cuando una comunidad de personas busca el "entendimiento" del amor de Dios revelado en Jesucristo. Hacerlo continuamente como individuo, como matrimonio o como familia, despierta progresivamente una conciencia de la desnudez del  corazón humano, y al comparar mí situación no con la de otros seres humanos, sino con la naturaleza del Amor en Jesucristo, me reconozco “pecador”, o dicho de otra manera, un pobre hambriento necesitado de una salvación que no puedo ganar por mí mismo. Después de eso, viene el Big Bang del Reino del Cielo.

"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos Mt 5:3

P.D. Ojalá estás palabras lleven a algún sediento por un significado de la vida, si lo hace en Jesucristo, seguro que encontrará.

Imagen tomada de geofrik.wordpress.com, autor desconocido (según la misma página).

viernes, 8 de marzo de 2013

El Everest del matrimonio.


Alguna vez escuché la conferencia de la primera mujer mexicana que subió al Everest. Recuerdo su explicación sobre como en ciertas etapas, los montañistas deben descansar para aclimatar su cuerpo a la falta de oxígeno que disminuye con la altura. Los pasos más cercanos al pico son los más difíciles, y cada uno implica un desafío de voluntad, energía y determinación. ¿Podemos compararlo con el matrimonio? Hay desafíos que implican una aclimatación, tener un hijo, mudarse, superar un conflicto o madurar ante una crisis. En el proceso de aproximarme al propósito de Dios, he descubierto como padre y esposo, que este ascenso, no se vuelve más sencillo conforme uno avanza. Cada acción encaminada a mantener la familia unida, es un desafío de voluntad, energía y determinación, pero al igual que el montañista busca el pico, nosotros ponemos la mirada en Cristo, quien nos recuerda, que debemos tener la mirada puesta en el supremo llamamiento. Considero que mi desafío como padre es establecer, nutrir, dirigir y proteger una familia que llame y conozca a Dios como Abba Padre, y que padres-esposos-hijos, rompamos con los paradigmas de nuestra sociedad y vivamos conforme a la Palabra, para así expandir la voluntad de nuestro Padre (el reino) en la tierra. ¡He ahí nuestro Everest!