Alguna vez escuché la conferencia de la primera mujer
mexicana que subió al Everest. Recuerdo su explicación sobre como en ciertas etapas, los montañistas deben
descansar para aclimatar su cuerpo a la falta de oxígeno que disminuye con la
altura. Los pasos más cercanos al pico son los más difíciles, y cada uno
implica un desafío de voluntad, energía y determinación. ¿Podemos compararlo
con el matrimonio? Hay desafíos que implican una aclimatación, tener un hijo,
mudarse, superar un conflicto o madurar ante una crisis. En el proceso de
aproximarme al propósito de Dios, he descubierto como padre y esposo, que este ascenso, no se
vuelve más sencillo conforme uno avanza. Cada acción encaminada a mantener la familia unida, es un desafío de voluntad, energía y
determinación, pero al igual que el montañista busca el pico, nosotros ponemos
la mirada en Cristo, quien nos recuerda, que debemos tener la mirada puesta en
el supremo llamamiento. Considero que mi desafío como padre es establecer,
nutrir, dirigir y proteger una familia que llame y conozca a Dios como Abba
Padre, y que padres-esposos-hijos, rompamos con los paradigmas de nuestra
sociedad y vivamos conforme a la Palabra, para así expandir la voluntad de
nuestro Padre (el reino) en la tierra. ¡He ahí nuestro Everest!

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