Creo que perdonar nos aproxima a experimentar la profundidad y grandeza de Dios. Él lo otorga desde su santidad: amor y justicia. Cristo descendió del cielo para perdonarnos; al hacerlo experimentó nuestra debilidad, y hoy es él abogado incondicional del hombre. El perdón que Dios nos otorga, nos devuelve la dignidad, recupera nuestro valor y nos ayuda a liberar nuestra vida del del error.
Nosotros debemos descender desde nuestro falso cielo -llamado orgullo- para poder perdonar. Al descender de nuestro orgullo recordamos nuestra debilidad, tomando conciencia de que a veces somos deudores y la menor de las veces acreedores. Podemos así comprender una gramo de la profundidad del amor de Dios y la grandeza de su justicia, pues al ser su voluntad en el cielo perdonarnos, ejercemos el ministerio del perdón y la reconciliación aquí en la tierra.
