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viernes, 19 de julio de 2013

¿Perdonar?


Creo que perdonar nos aproxima a experimentar la profundidad y grandeza de Dios. Él lo otorga desde su santidad: amor y justicia. Cristo descendió del cielo para perdonarnos; al hacerlo experimentó nuestra debilidad, y hoy es él abogado incondicional del hombre. El perdón que Dios nos otorga, nos devuelve la dignidad, recupera nuestro valor y nos ayuda a liberar nuestra vida del del error.

Nosotros debemos descender desde nuestro falso cielo -llamado orgullo- para poder perdonar. Al descender de nuestro orgullo recordamos nuestra debilidad, tomando conciencia de que a veces somos deudores y la menor de las veces acreedores. Podemos así comprender una gramo de la profundidad del amor de Dios y la grandeza de su justicia, pues al ser su voluntad en el cielo perdonarnos, ejercemos el ministerio del perdón y la reconciliación aquí en la tierra.

viernes, 8 de marzo de 2013

El Everest del matrimonio.


Alguna vez escuché la conferencia de la primera mujer mexicana que subió al Everest. Recuerdo su explicación sobre como en ciertas etapas, los montañistas deben descansar para aclimatar su cuerpo a la falta de oxígeno que disminuye con la altura. Los pasos más cercanos al pico son los más difíciles, y cada uno implica un desafío de voluntad, energía y determinación. ¿Podemos compararlo con el matrimonio? Hay desafíos que implican una aclimatación, tener un hijo, mudarse, superar un conflicto o madurar ante una crisis. En el proceso de aproximarme al propósito de Dios, he descubierto como padre y esposo, que este ascenso, no se vuelve más sencillo conforme uno avanza. Cada acción encaminada a mantener la familia unida, es un desafío de voluntad, energía y determinación, pero al igual que el montañista busca el pico, nosotros ponemos la mirada en Cristo, quien nos recuerda, que debemos tener la mirada puesta en el supremo llamamiento. Considero que mi desafío como padre es establecer, nutrir, dirigir y proteger una familia que llame y conozca a Dios como Abba Padre, y que padres-esposos-hijos, rompamos con los paradigmas de nuestra sociedad y vivamos conforme a la Palabra, para así expandir la voluntad de nuestro Padre (el reino) en la tierra. ¡He ahí nuestro Everest!