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jueves, 11 de abril de 2013

Amar lo que es distinto



Mis padres tuvieron dos hijos. Mi hermana siempre fue y continúa siendo tan distinta, no solo por ser mujer, sino también por su apreciación de las cosas que nos fueron comunes, siendo el mejor ejemplo nuestros padres; ella los amo, cuestionó y volvió a amar de una forma distinta a la mía. En la familia de mis abuelos maternos, fuimos media centena de nietos, mis primos bailaban yo escuchaba, ellos tomaban Coca-Cola y yo Seven-up, pero en dimensiones más relevantes, cada uno de nosotros vivió, sufrió y volvió a vivir una vida muy distinta a la mía. Estudie en una preparatoria que graduaba 300 estudiantes cada año y en una universidad que graduaba 1,000, sin embargo, cada compañero de generación aprendió, olvidó y volvió a aprender de una forma muy distinta. Me casé con alguien que hizo la misma maestría que yo, asisto a una iglesia que es más bien una familia de unos 250 adultos más jóvenes y niños, trabajo en una institución de más de 700 miembros, pero todos son únicos; el amar, cuestionar y volver a amar de mi esposa, el conocer, ignorar y volver a conocer de mi hermano; y el construir, destruir y volver a construir de cada colega. Si desde que nacemos nuestra genética es única, conforme crecemos, los millares de combinaciones de dimensiones y matices que nos nutren nos hacen aún más distintos. Si la vida consiste en aprender a amar, ese aprendizaje forzosamente -y no sin dolor- implica atravesar el fuego de distinguir, valorar y terminar por amar lo que es distinto. Si alguna vez me quejé o quejo de no entender a mis padres, hermanos, primos, compañeros de trabajo, estudio e iglesia, y aún esposa e hijos, fue porque se debe desarrollar el coraje de atravesar ese fuego que consume, -llamado amor- que quita la grosura del egoísmo y deja en uno la virtud que más nos asemeja a Dios, el amor.

1 Corintios 13:4-6, Nueva Versión Internacional (NVI)
4 El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. 5 No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 6 El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.

Imagen tomada de xenopshilla en http://mx.fotolog.com/, versículo tomado de www.biblegateway.com 

martes, 26 de marzo de 2013

El Big Bang del Cielo aquí en la Tierra




Si partimos de que Dios es amor y de que Él es perfecto, luego entonces podemos afirmar que lo que más aprendizaje va a requerir de parte de cualquier ser humano es el saber amar. Sí no partimos de la fe, sino de la inquietante y denigrante situación humana, podríamos por lo menos  sospechar que hay abismos de ausencia de amor en todas partes.

El carácter de Dios es amor, y este se revela en su palabra contenida en la Biblia y en Jesucristo. Si bien conozco muchos que dudan que la Biblia sea la palabra de Dios, una prueba que nos ha llevado superar ese escepticismo a muchos, es por la transformación interna que se desencadenó en nuestra persona cuando conocimos al Dios de amor eternamente activo, que nos revelan la Biblia y particularmente la vida y sacrificio de Jesucristo. Hoy en día, muchos cristianos se reúnen de forma habitual para compartir mensajes bíblicos en espacios no convencionales, como casas, restaurantes y espacios públicos, con contenidos orientados a responder a las preguntas y necesidades "del día". Fue en una reunión de este tipo donde me fue contagiado el "don" de creer en el amor de Dios. Así (como un don) interpreto hoy esa ocasión, porque solo algo venido del cielo puede hacerte "creer", cuanto tuviste una postura entre lo racional y lo posmodernista de la vida, con muchos tintes de ironía y narcisismo. Me considero hoy un simple testigo del proceso de transformación que ocurre cuando una comunidad de personas busca el "entendimiento" del amor de Dios revelado en Jesucristo. Hacerlo continuamente como individuo, como matrimonio o como familia, despierta progresivamente una conciencia de la desnudez del  corazón humano, y al comparar mí situación no con la de otros seres humanos, sino con la naturaleza del Amor en Jesucristo, me reconozco “pecador”, o dicho de otra manera, un pobre hambriento necesitado de una salvación que no puedo ganar por mí mismo. Después de eso, viene el Big Bang del Reino del Cielo.

"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos Mt 5:3

P.D. Ojalá estás palabras lleven a algún sediento por un significado de la vida, si lo hace en Jesucristo, seguro que encontrará.

Imagen tomada de geofrik.wordpress.com, autor desconocido (según la misma página).