Sé lo que es que sentir el vacío de una tarde de domingo, cuando sabes que lo que haces no es lo que quisieras estar haciendo. Conozco la ansiedad que te da el percibir en ti un gran potencial, pero no tener ni el valor, ni la arena donde ejercerlo. Levedad del ser, vanidad de vanidades, enfermedad de la vida común, ser promedio, uno más en la multitud. Puedes callarlo con espectáculos, ocultarlo con adicciones, o simular que lo has domado con ambiciones. Pero como una lesión que no has cuidado, nunca se irá, volverá con mayor agudeza, estará ahí hasta que estés corriendo la carrera correcta, aquella para la cual naciste. Cuando te sumerges en una vida en Cristo, Él te confirma que fuiste creado con un propósito. Sí te involucras con su cuerpo (iglesia), tu carácter, dones y talentos, se forjan y perfilan. Y sí le crees a sus planes (una vez que los conoces), estarás en la gran carrera, donde los desafíos son más grandes que tus sueños más atrevidos, y los gigantes son más fuertes y malvados que en tus peores pesadillas. Quizás no implica un cambio de actividad en la vida, sino solo un cambio en tu forma de pensar y hacer las cosas, un cambio de motivos en el más puro sentido. Pero cuando estás ahí, el Dios viviente que increíblemente camina delante de ti y mora a través de su Espíritu dentro de ti; consumirá tus pensamientos, y te hará cada vez más uno solo con ese propósito, uno que en realidad no es más lo que siempre habías soñado ser. Jeremías 29:11(RVR1960) "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis".
La foto fue tomada de http://philwang.me/post/35931632547/todays-run-this-lifes-journey
Cita bíblica disponible en www.biblegateway.com
