sábado, 19 de septiembre de 2015

¿Por qué hay tanto interés en el liderazgo?


Al leer la explicación de Banks, sobre porque ha surgido el interés en el liderazgo, él encuentra parte de esta explicación en los tiempos de crisis e incertidumbre que se viven, y los resume ‑a mí parecer‑ en la siguiente frase “Liderazgo, es una palabra que conlleva muchas hambres” (Kindle 547). En mi opinión, el interés en el liderazgo ha emergido en aquellas sociedades que han desarrollado una mayor orientación hacia la transformación, en la que sus individuos, grupos y organizaciones se preguntan constantemente ¿por qué y cómo se logra una transformación? En esta búsqueda, se topan con las anécdotas, y a veces mitos, de aquellos que iniciaron o fueron piezas claves en el desarrollo de grandes transformaciones. Pero a un nivel más profundo, y quizás incluso escatológico, el interés por el liderazgo puede estar emergiendo porque “La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios” (Ro 8:19, NVI). Es entonces, el liderazgo auténtico que en el fondo esperamos ver y desarrollar, uno que proviene no de afuera ni de adentro, sino de arriba, es decir uno inspirado en el desarrollo de relaciones hijo-Padre, que nos lleva a traer la voluntad paterna a la realidad terrena. Sin embargo, quienes hemos encontrado que parte de nuestro propósito es acompañar a otros en el desarrollo de su liderazgo y propósito ‑desde una perspectiva Cristo-céntrica‑, debemos mantener presente que el interés en el liderazgo también proviene de nuestra necesidad de relacionarnos con alguien, o algo, que tenga el poder de transformar nuestra vida y la realidad en que vivimos, y que ese alguien es Jesucristo, para evitar caer en una líder-latría. Si bien Dios ha levantado líderes en tiempos de crisis e incertidumbre, es porque a Él le basta uno que le crea para iniciar el cambio, y quizás muchas veces encuentra en el inicio de una transformación a uno que le cree y le sigue para lograrlo.

Referencias:
Reviewing Leadership (Engaging Culture): A Christian Evaluation of Current Approaches by Robert J. Banks, Bernice M. Ledbetter
Biblia, Nueva Versión Internacional, consultada en Biblegateway.

sábado, 29 de agosto de 2015

¿Por qué no decidir, incluso decir nada durante o inmediatamente después de una fea pelea marital? Tu sabes, de esas que hacen salir la bestia(lidad) que puede habitar en tí...

Diría que porque lo sentimientos van fluyendo, pero están encadenados uno con otro, y así como en las probabilidades de tipo climatológico, si hoy llovió, es más probable que mañana llueva también, así si digo algo feo, agresivo, o duro, es más probable que lo siguente que diga, o sienta, sea igual o peor. A veces tus sentimientos, si simplemente no dices nada, pueden fluir asi.

1.-¡Ya está!, me largo y la dejo.
2.-Pero en qué estaba pensando cuando me casé, que le ví.
3.-Si me pide perdón no le voy a decir nada.
4.-Le voy a decir que hablemos, y voy a enumerar todas sus fallas, no le quedará otra mas que aceptarlas.
5.-Bueno, después de todo, yo también me pasé, debí haber dicho las cosas de otra forma.
6.-Es la madre de mis hijos, hice un pacto con ella delante de toda mi familia y la suya, y delante de Dios. Mis hijos necesitan ver que nos perdonamos. Esperaré un buen momento, seré amable en cada oportunidad que haya, y cuando podamos hablar a solas, la tomare de la mano y le afirmaré mi amor.
7.-It's up to you to discover it....

domingo, 10 de noviembre de 2013

La carrera de tu vida

Sé lo que es que sentir el vacío de una tarde de domingo, cuando sabes que lo que haces no es lo que quisieras estar haciendo. Conozco la ansiedad que te da el percibir en ti un gran potencial, pero no tener ni el valor, ni la arena donde ejercerlo. Levedad del ser, vanidad de vanidades, enfermedad de la vida común, ser promedio, uno más en la multitud. Puedes callarlo con espectáculos, ocultarlo con adicciones, o simular que lo has domado con ambiciones. Pero como una lesión que no has cuidado, nunca se irá, volverá con mayor agudeza, estará ahí hasta que estés corriendo la carrera correcta, aquella para la cual naciste. Cuando te sumerges en una vida en Cristo, Él te confirma que fuiste creado con un propósito. Sí te involucras con su cuerpo (iglesia), tu carácter, dones y talentos, se forjan y perfilan. Y sí le crees a sus planes (una vez que los conoces), estarás en la gran carrera, donde los desafíos son más grandes que tus sueños más atrevidos, y los gigantes son más fuertes y malvados que en tus peores pesadillas. Quizás no implica un cambio de actividad en la vida, sino solo un cambio en tu forma de pensar y hacer las cosas, un cambio de motivos en el más puro sentido. Pero cuando estás ahí, el Dios viviente que increíblemente camina delante de ti y mora a través de su Espíritu dentro de ti; consumirá tus pensamientos, y te hará cada vez más uno solo con ese propósito, uno que en realidad no es más lo que siempre habías soñado ser. Jeremías 29:11(RVR1960) "Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis".
Cita bíblica disponible en www.biblegateway.com 

martes, 22 de octubre de 2013

Hallar esposa

Conozco cuatro personas próximas a casarse, cada una en circunstancias muy distintas. Entre la persona más joven y la más madura se llevan casi 20 años de diferencia, pero lo que estas próximas bodas me llevaron a pensar no tiene que ver con la edad sino con el hallar esposa. Un proverbio dice "El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová" (Pro 18:22). Quizás muchos hombres casados y divorciados cuestionarían la veracidad de esta idea, pero creo que es muy acertada porque veo al proverbio desde la siguiente perspectiva: "no es lo mismo encontrar con quien casarse, que hallar esposa". El matrimonio te obliga a descubrir quien eres y de que estás hecho. Mal llevado, puede causar la destrucción de sueños, de la personalidad de los hijos, de la salud y el patrimonio de los cónyuges; bien llevado hace que ambos cónyuges entresaquen lo precioso de lo vil y les encamina a trascender, prosperar y dejar un legado para la descendencia.


Recientemente, una conocida compartió el siguiente consejo que su padre le había dado sobre el matrimonio: "el día que te cases hazlo sin el mas mínimo sentido de propiedad". Estoy de acuerdo que la esposa ni se compra, ni se vende, ni se posee, pero hay que tener bien claro lo que sí es. Hallar cónyuge no es haber encontrado un valiente o enamorada que dijo que "sí" en el altar, es el resultado del ejercicio del amor perseverante lo que nos permite encontrar con el otro y en el otro, lo valiosos y únicos que ambos somos en potencia y en dinámica. En el resultado de este proceso se encuentra la benevolencia de Dios, pues Él se agrada de la transformación de quien vive pacientemente y de forma consciente este pacto que se hizo con el otro, con los hijos (de forma ímplicita), con la comunidad que atestigüo la únión y con Dios quien la bendijo. Con la esposa se integra uno, nos fundimos y volvemos uno solo. Los cónyuges deben conservar su personalidad, pero cuando es necesario deben estar dispuestos a entregar y transformar -por el bienestar y por amor del otro y de los hijos- aspectos tan íntimos como la identidad, los hábitos y los intereses propios. Por eso, no es lo mismo hallar esposa que encontrar con quien casarse; pues para hallar esposa, debemos estar dispuesto a vivir esta clase de relación con quien nos hemos casado en un pacto inquebrantable de unidad.  Encontrar con quien casarme me tomo unos meses, quizás poco más de un año, pero el haber a través de los años hallado mi esposa en Maricela, es una herencia de Dios, la cual deseo para mis cuatro conocidos y para todo los matrimonio.


martes, 20 de agosto de 2013

Somos uno en bienes, en desiertos y en pruebas.

Si no amo soy como un instrumento musical que sólo produce ruido, dijo el Apóstol Pablo (1 Cor 13:1). Trasladado este principio al matrimonio equivale a: si pongo comida a la mesa, colegiatura a mis hijos, carro techo, vestido, idas a la playa pero no amo, soy como....¡el mar sin agua! Sería un abismo, un desierto, una herida profunda en la faz de la tierra. Mi matrimonio no es perfecto, pero les comparto algunas de las cosas que nos han ayudado a mantenernos felices. 

No hay matrimonio unido sin amor, y el amor se mide por la entrega. Si bien el amor a los hijos se mide por la dedicacion a formarlos (Pr 13:24), el amor a la esposa se mide por la entrega (Ef 5:23-33). Tan claro quiso dejar esto Dios, que al definir el matrimonio dijo "el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán un solo ser" (Ef 5:31). Estar unido ha significado para mí y para mi esposa compartir bienes, desiertos, pruebas, alegrias y una esperanza en Cristo. Eso se ha trasladado también en los pequeños detalles, en los que cuando no hay amor se convierten en espinas. Mi esposa puede tomar mi celular, si no conoce  quien es uno de mis contactos en facebook me pregunta. Somos uno, debemos compartir a las personas con quienes convivimos, conocer mutuamente quien esta influyendo en nuestra forma de pensar, pues conforme a lo que pensamos decidimos, y todo lo que decidimos repercute en la familia. Si le llega a ella un mensaje, lo leo, ¡soy su recadero!. Si recibo un bono en el trabajo, lo compartimos y disfrutamos juntos, pues somos uno.  

Unir un matrimonio requiere un individuo que ha superado la dependencia emocional de sus padres. Ha habido tiempos de prueba que hemos tenido que pasar solos con mi esposa. Aunque en mi humanidad quisiera que nuestros padres estuvieran cerca para ayudarnos en estas etapas, hemos podido atravesarlas juntos madurando en el proceso con la dirección de Dios. He entendido que aunque el consejo y la ayuda de mis padres es valioso, dado que soy la cabeza mi dirección debe venir de Cristo; puesto que "la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios" (1 Cor 11:3). Eso le da estabilidad a mi familia, y es un fundamento para el carácter de mis hijos. 

Dios recompensa a un matrimonio que se une, uno en el que el "lecho es honroso y sin mancha" (He 13:4), lo que se manifiesta en una intimidad espiritual, emocional y física libre de manipulaciones y llena de gozo y dicha; pues Dios hizo el matrimonio no para colocarle una prueba mas a la vida, sino como elemento clave vivir en su próposito, en gozo y paz. Por eso mejor son dos que uno, pues si uno cae el otro lo levantara (Ec 4:9-10) y si los dos cayeron, juntos se levantaran, riendo de gozo.

martes, 13 de agosto de 2013

Dios Padre, Hijo y Espíritu

Lo enseñan en el catecismo y en las escuelas dominicales: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Fué hoy leyendo un artículo de Simon Chan que entendí mejor el porque de estas tres personas de Dios, y su importancia en la vida cristiana. El artículo de Simon en realidad esta dedicado a argumentar porque debemos seguir llamando Padre a Dios a pesar de las críticas de la teología feminista, concuerdo con la postura de Simon y recomiendo leer su artículo. Simon dice que el Cristianismo requiere de conocer la historia bíblica cristiana para poder ser experimentada plenamente, "los cristianos somos absorbidos por esa historia". En esa historia existe un Padre, que creo todo y que nos ama con un amor que a veces se describe con carácterísticas maternales (Isa. 66:12–13) pero principalmente es un Dios de naturaleza paternal. Hay un Hijo también, Jesucristo que vivió en carne y habitó entre nosotros, murió para librarnos de la consecuencia de nuestros pecados pero resucitó y volverá en gloria. Y en esa historia hay también un Espíritu Santo, que esta actuando en cada creyente para realizar la obra de hacerlo un reflejo de Cristo. Necesitamos ser absorbidos por la experiencia de relacionarlos con los tres para saber quien es Dios, pues Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Imágen obtenida en: http://www.sacredise.com/files/images/free/Trinity2.jpg

viernes, 19 de julio de 2013

¿Perdonar?


Creo que perdonar nos aproxima a experimentar la profundidad y grandeza de Dios. Él lo otorga desde su santidad: amor y justicia. Cristo descendió del cielo para perdonarnos; al hacerlo experimentó nuestra debilidad, y hoy es él abogado incondicional del hombre. El perdón que Dios nos otorga, nos devuelve la dignidad, recupera nuestro valor y nos ayuda a liberar nuestra vida del del error.

Nosotros debemos descender desde nuestro falso cielo -llamado orgullo- para poder perdonar. Al descender de nuestro orgullo recordamos nuestra debilidad, tomando conciencia de que a veces somos deudores y la menor de las veces acreedores. Podemos así comprender una gramo de la profundidad del amor de Dios y la grandeza de su justicia, pues al ser su voluntad en el cielo perdonarnos, ejercemos el ministerio del perdón y la reconciliación aquí en la tierra.