No hay matrimonio unido sin amor, y el amor se mide por la entrega. Si bien el amor a los hijos se mide por la dedicacion a formarlos (Pr 13:24), el amor a la esposa se mide por la entrega (Ef 5:23-33). Tan claro quiso dejar esto Dios, que al definir el matrimonio dijo "el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán un solo ser" (Ef 5:31). Estar unido ha significado para mí y para mi esposa compartir bienes, desiertos, pruebas, alegrias y una esperanza en Cristo. Eso se ha trasladado también en los pequeños detalles, en los que cuando no hay amor se convierten en espinas. Mi esposa puede tomar mi celular, si no conoce quien es uno de mis contactos en facebook me pregunta. Somos uno, debemos compartir a las personas con quienes convivimos, conocer mutuamente quien esta influyendo en nuestra forma de pensar, pues conforme a lo que pensamos decidimos, y todo lo que decidimos repercute en la familia. Si le llega a ella un mensaje, lo leo, ¡soy su recadero!. Si recibo un bono en el trabajo, lo compartimos y disfrutamos juntos, pues somos uno.
Unir un matrimonio requiere un individuo que ha superado la dependencia emocional de sus padres. Ha habido tiempos de prueba que hemos tenido que pasar solos con mi esposa. Aunque en mi humanidad quisiera que nuestros padres estuvieran cerca para ayudarnos en estas etapas, hemos podido atravesarlas juntos madurando en el proceso con la dirección de Dios. He entendido que aunque el consejo y la ayuda de mis padres es valioso, dado que soy la cabeza mi dirección debe venir de Cristo; puesto que "la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios" (1 Cor 11:3). Eso le da estabilidad a mi familia, y es un fundamento para el carácter de mis hijos.
Dios recompensa a un matrimonio que se une, uno en el que el "lecho es honroso y sin mancha" (He 13:4), lo que se manifiesta en una intimidad espiritual, emocional y física libre de manipulaciones y llena de gozo y dicha; pues Dios hizo el matrimonio no para colocarle una prueba mas a la vida, sino como elemento clave vivir en su próposito, en gozo y paz. Por eso mejor son dos que uno, pues si uno cae el otro lo levantara (Ec 4:9-10) y si los dos cayeron, juntos se levantaran, riendo de gozo.


