Mis padres tuvieron dos hijos. Mi hermana siempre fue y
continúa siendo tan distinta, no solo por ser mujer, sino también por su
apreciación de las cosas que nos fueron comunes, siendo el mejor ejemplo nuestros
padres; ella los amo, cuestionó y volvió a amar de una forma distinta a la
mía. En la familia de mis abuelos maternos, fuimos media centena de nietos, mis primos bailaban yo escuchaba, ellos tomaban Coca-Cola y yo Seven-up, pero en dimensiones más relevantes, cada uno de nosotros vivió, sufrió y volvió a vivir una vida muy distinta a la mía. Estudie en una preparatoria que graduaba 300 estudiantes
cada año y en una universidad que graduaba 1,000, sin
embargo, cada compañero de generación aprendió, olvidó y volvió a aprender de una forma muy
distinta. Me casé con alguien que hizo la misma maestría que yo, asisto a una
iglesia que es más bien una familia de unos 250 adultos más jóvenes y niños, trabajo en una
institución de más de 700 miembros, pero todos son únicos; el amar, cuestionar
y volver a amar de mi esposa, el conocer, ignorar y volver a conocer de mi
hermano; y el construir, destruir y volver a construir de cada colega. Si desde
que nacemos nuestra genética es única, conforme crecemos, los millares de combinaciones
de dimensiones y matices que nos nutren nos hacen aún más distintos. Si la
vida consiste en aprender a amar, ese aprendizaje forzosamente -y no sin dolor- implica atravesar el fuego de
distinguir, valorar y terminar por amar lo que es distinto. Si alguna vez me quejé o quejo de no entender a mis padres, hermanos, primos, compañeros de
trabajo, estudio e iglesia, y aún esposa e hijos, fue porque se debe desarrollar el coraje de atravesar ese
fuego que consume, -llamado amor- que quita la grosura del egoísmo y deja en uno la
virtud que más nos asemeja a Dios, el amor.
1 Corintios 13:4-6, Nueva Versión Internacional (NVI)
4 El amor es paciente,
es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. 5 No se
comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 6
El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad.
Imagen tomada de xenopshilla en http://mx.fotolog.com/, versículo tomado de www.biblegateway.com

